El viaje de Chihiro

Por: Roberto Espinoza (Keijiban Kurabu Staff)

Si bien la industria del anime es bastante conocida a nivel mundial, no cabe duda que si uno pregunta por alguno de los máximos exponentes de la industria, muchos, si es que no la mayoría, coincidirán en elegir alguna de las obras del conocido estudio Ghibli. No por nada el director de cine de animación japonés, Hayao Miyazaki (ilustrador, mangaka y productor), es uno de los autores del género más prolíficos, reconocidos y premiados de la historia. Y es que en una industria en la que inicialmente resultaba difícil tener impacto a nivel global, y en la que actualmente resulta difícil destacarse de la competencia, las películas del estudio Ghibli han logrado abrirse paso con un estilo propio de animación del estudio, derroche de creatividad y mimo en cada trabajo, y la creación de historias entrañables y cautivadoras, para convertirse generalmente en clásicos de la animación. En estos días en que una de las cadenas de cine de nuestro país está volviendo a presentar algunos de los filmes del estudio, decidí aprovechar para ver por primera vez una de las películas de Ghibli, y que mejor manera que comenzar con la que fue hasta hace muy poco la película de animación japonesa con mayor recaudación de la historia, Sen to Chihiro no Kamikakushi, o más conocida como El viaje de Chihiro.

Datos de la película 

  • Título: El viaje de Chihiro (千と千尋の神隠し)
  • Géneros: Aventura, Drama, Fantasía
  • Categoría: Apta para todos
  • Fecha de estreno: 20 de Julio de 2001 (Japón)
  • Estudio: Studio Ghibli
  • Duración: 125 minutos

Opinión

Si bien no había visto previamente alguna de las obras producidas por el estudio Ghibli, si conocía a los emblemáticos personajes de las películas, piezas de las bandas sonoras que acompañan a cada entrega, y podía identificar los diversos paisajes utilizados para la ambientación de cada mundo, lo que inicialmente me llevaba a pensar que conocía suficiente de los mundos creados por Hayao Miyakazi, como para postergar el visionado de las películas. Más de 15 años después de su estreno, me animé a ir al cine gracias al reestreno a nivel nacional de la película más galardonada del estudio, El viaje de Chihiro; cinta que nos presenta la vida de Chihiro Ogino, una niña de 10 años que acaba tener un cambio de vida relevante para su edad, el mudarse a un nuevo hogar, dejando atrás el mundo que conocía y a los amigos que tenía. Una historia que comienza de forma bastante simple pero real, y que evoluciona a un viaje fantástico y crudo, de muchos matices, simbolismos e interpretaciones, que representa la capacidad de una niña de madurar y afrontar las situaciones adversas que se presenten en el camino.

No necesité que pasaran muchos minutos para darme cuenta de la experiencia que me había perdido hasta ese entonces. Si bien conocer anticipadamente partes de la película me daban una idea de lo que podría disfrutar de la película, la suma de sus partes, el resultado final presentado en la pantalla grande fue mucho más allá de mis expectativas, haciéndome sentir que no solo estaba viendo la travesía de Chihiro, sino que la estaba viviendo. Desde el ingreso de Chihiro y sus padres a las ruinas de lo que parece un antiguo parque temático, hasta la caída de la noche y la aparición del impresionante mundo de los espíritus, cada secuencia, cada escena se siente no solo cargada de diferentes sensaciones y emociones, sino de un mimo y detalle increíble, en la que cada elemento muestra vida propia, lo que aporta mucho para crear ese ambiente acogedor y envolvente.

En ese sentido, cada uno de los personajes presentados a lo largo del Viaje de Chihiro muestra individualidad, considerando todo el grupo de personajes secundarios. En ese sentido, no es nada exagerado las opiniones que recibí al respecto de las obras de Ghibli; el mundo creado en esta película es una muestra de la capacidad creativa del grupo dirigido por Miyazaki, readaptando personajes de leyendas o historias propias de Japón para complementar la aventura. Además de Chihiro, se nos presenta una diversidad de espíritus y criaturas, de tamaños y formas inimaginables. Yubaba, la patrona o administradora del lugar en el que Chihiro es atrapada, quién es una poderosa bruja que controla a los pobladores de la región a través de la posesión de sus nombres; Haku, un misterioso muchacho que no recuerda su pasado pero que tiene la capacidad de convertirse en dragón y que busca ayudar a Chihiro a liberar a sus padres y escapar del mundo espiritual; Kamaji, el encargado del cuidado de las aguas de los baños termales; Sin Cara, un espíritu errante que se apegara a Chihiro; el enorme bebe Boh, objeto de los afectos de Yubaba, entre muchos otros personajes, con un diseño que varía entre lo excéntrico y lo inocente pero que resulta perfecto para la historia.

Por supuesto, quién más resalta es Chihiro que, fuera de lo usual para la época en que se estrenó la película, representa el crecimiento de una niña común que debe forjarse en independencia y responsabilidad de forma abrupta, en un mundo inicialmente desconocido y hasta hostil, para poder recuperar a su familia y volver a su mundo. Si bien a través de las experiencias de Chihiro se representan sutilmente muchos temas y elementos simbólicos (como el desapego de la vida a la que estamos acostumbrados, la pérdida de la inocencia, y el peso del entorno en el individuo), Miyazaki aprovecha al máximo el mundo creado para llevar a la reflexión y al análisis. La nostalgia siendo devorada por la modernización (reflejada en el estado de la casa de baños), los efectos del maltrato a la naturaleza (mostrada a través del espíritu del río), la degradación causada por los malos hábitos, entre otros, son temas y problemas que se muestran a través del resto de personajes, y con los que tendrá que lidiar Chihiro a lo largo de su viaje.

Si ya con lo mencionado, El viaje de Chihiro calificaba para mí como una película más que sobresaliente, al complementarse con el particular estilo artístico de Ghibli, la increíble puesta en escena, y la vibrante banda sonora que acompaña a lo largo de la película, dan como resultado un filme que merece a toda luz el ser catalogado como una pieza icónica, no solo de la animación japonesa, sino de la animación a nivel general. A lo largo de los 125 minutos que dura la película, tuve muchos deseos de poder pausar la proyección solo para poder apreciar al detalla cada escena, para poder escuchar nuevamente las melodías compuestas por el reconocido Joe Hisashi y presentadas por la filarmónica del Nuevo Japón, y para poder apreciar nuevamente las reacciones e interacciones de los personajes.

El viaje de Chihiro, que tiene en sus palmares el premio Oscar #75 de la Academia por mejor animación, el Oso de Oro en el 52vo Festival internacional de filmes de Berlín, el premio a mejor película asiática de la 21va premiación de los filmes de Hong Kong,  entre otros, es y sin duda seguirá siendo uno de los pilares de la animación japonesa, y uno de los principales estandartes para demostrar que la animación 2d tradicional tiene mucha magia para ofrecer.

Conclusión

Creo que si solo se requiere de una película para introducir a alguien al mundo de la animación del estudio Ghibli (como mi caso), El viaje de Chihiro es una estupenda opción. Si bien la trama a nivel general puede sonar a una adaptación oriental de El mago de Oz o Alicia en el País de las Maravillas, todo el contenido demuestra claramente que se trata de una cinta con mucho más que una identidad propia. Una experiencia bastante fácil de seguir, pero brinda una complejidad bastante notables de detalles a apreciar.  Al salir del cine, solo pude pensar en poder volver a verla una vez más, ya con control propio, para dejarme absorber por el mundo creado por Miyazaki. Sin duda una película que desprende calidad  por todas partes, y que de las pocas cosas que puedo criticar, es que me dejo con la sensación de que pudo ser más larga. Entra sin duda en mis películas favoritas de fantasía, y probablemente a ser una experiencia que permanecerá en mi memoria. Si aún no has podido ver El viaje de Chihiro, definitivamente recomiendo que le des una oportunidad. Y si eres de los que como yo, han quedado con las ansias de ver más películas de Ghibli, puedes aprovechar la oportunidad actual de ver las cintas en los cines nacionales.

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¡Hasta la próxima oportunidad!

 

 

 

 

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